| |
| |
|
|
| |
|
|
| |
|
|
|
|

|
El arte de su vida
Enamorado de la música, a la que guarda en su corazón, Leonardo Nierman habla sobre su gratificante existencia, de la que ha hecho un arte.
POR MARCO ANTONIO AVILA
Nacido en el marco de un mundo sencillo, como lo ha sido él mismo a lo largo de su vida, el pintor y escultor Leonardo Nierman se convirtió en artista persiguiendo un sueño en el que combina la pasión, el talento y la perseverancia. El centro histórico de la Ciudad de México fue para él como una casa durante su infancia, quedando impregnado de los sonidos, colores, olores y vivencias que recuerda de la vecindad donde vivió, en la calle de Tacuba número 86. Aunque había personas que lo consideraban un lugar de mal aspecto, Nierman encontraba cosas maravillosas en cada rincón, desde el canto de los pájaros en la mañana hasta los amplios corredores de plantas que vivían en macetas improvisadas con latas de chiles en vinagre. Todos los días para poder estar a tiempo en su clase de violín, el artista tenía que recorrer el edificio en el que habitaba haciendo a un lado tendederos de ropa y sin perder de vista su más grande sueño hasta ese entonces: convertirse en un gran concertista de violín para viajar y presentarse en las salas más importantes del mundo, pues deseaba transmitir emociones a través de su interpretación. Con el tiempo, Nierman se apasiona por la pintura plasmando los sonidos del violín y los colores de manera sorprendente. “Pues no fue difícil, porque antes de comprar mi primer pincel estudié música cerca de 20 años, pensando que iba a ser un muy buen violinista... tardé dos décadas en descubrir que mi talento era simplemente insuficiente”. Lo supo porque en el primero y último concierto que dio en el Palacio de Bellas Artes tocó la “Sinfonía Española” de Édouard Lalo. Antes de iniciar, se le acercó un individuo, al que describió en tono irónico como el villano, la falla trágica en su propia historia, y le dijo: “maestro, no quiere que le grabe el concierto”, y él le respondió: “sí hombre, como no”, con seguridad y un poco de arrogancia, al terminar su ejecución el individuo le entregó la cinta, como parte de una estrategia del destino. Mientras festejaba su deslumbrante triunfo con algunos amigos, pasada la cena, a la hora del café, hablaban de los ineludibles pasos a seguir dentro de su carrera musical, como el Carnegie Hall de Nueva York; el Royal Festival Hall de Londres; el Gewandhaus de Leipzig; el Concertgebouw en Amsterdam y la sala Pleyel en París, entre otros importantes recintos musicales. Fueron sonidos muy bien recibidos por su ego. Sin embargo, cuando llegó a su casa, queriendo prolongar los placeres del éxito y los aplausos, se le ocurrió poner la cinta, simplemente para confirmar su triunfo. “Primero pensé que la máquina de ese señor estaba descompuesta, pero dentro de mi perversidad, lo que hice fue sacar de entre mis discos comprados una versión de la misma obra tocada por Yehudi Menuhin, uno de los grandes violinistas del siglo, considerado el Mozart del siglo XX. Fue así que se dio cuenta que entre él y Menuhin había un vacío cósmico, de acuerdo al propio Nierman. “En ese mismo momento abrí el estuche, saqué mi violín, le di un abrazo y le dije: querido amigo, tú y yo nos reencontraremos en la eternidad, no antes, ese fue el final de mi vida musical como ejecutante”. Nierman califica ese momento como un acto de objetividad, porque en aquella época en la cúspide se encontraban los nombres de los violinistas Jascha Heifetz, David Óistrakh, Nathan Milstein, Yehudi Menuhin, Zino Francescatti y Fritz Kreisler, entre otros. Reconoció, a pesar de su éxito, que no podría clasificar ni entre los primeros ocho, ni siquiera entre los primeros ochenta millones, por lo cual consideró sin sentido continuar por ese camino. Aceptó la derrota y se sumergió en una especie de luto, por haber “desperdiciado” tantas tardes luminosas en las que bien pudo haberse ido a comer nieve al barrio de Coyoacán y tener la oportunidad de ver a las muchachas que por ahí caminaban. Poco tiempo después, el pintor y escultor descubrió que quizá lo más importante que había hecho en su vida fueron esos años en estrecho contacto con los sonidos, con la música, con la búsqueda de la emoción a través de la frotación de las cuerdas con el arco y entender cómo ciertos matices e intensidad emocional pueden producir una reacción en el espectador. A partir de este momento, Leonardo Nierman comenzaba a pisar los terrenos de lo que ha hecho el resto de su vida. Reconoció que el estudio de la música no fue una pérdida de tiempo. “Si bien es cierto que no aprendí a tocar bien el violín, sí aprendí algo importantísimo que se llama armonía, armonía para ver la vida, la muerte, para ver el tiempo y el uso que le iba yo a dar a mi tiempo-vida, que definitivamente no consistía en apoderarme del mayor número de monedas de oro, sino de apoderarme del mayor número de días luminosos, el verdadero tesoro, la armonía de la vida”. Esa armonía, describe el artista, incluía también la armonía de los colores, ya que de la misma manera que un sonido aislado no significa nada y un color aislado no dice gran cosa, cierta organización de sonidos pueden provocar hasta un humedecimiento de los ojos o un cerramiento de garganta. “En el caso de Puccini, cuando empieza “La Bohème”, a mí me emociona y se me cierra la garganta; cuando empieza “Turandot”, pasa lo mismo y con “Tosca” es igual, es decir, el señor tenía una forma de acomodar el Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, que a mí y a otros tres mil millones de personas nos provoca para ir temblorosos en las noches de lluvia, viento y nieve al teatro con la esperanza de que haya un boleto por ahí que se traspapeló y me lo quieran vender. “Mi pasión esencial es la música, se me ha acusado de asistir a más de cien conciertos al año, entonces, empiezo a sospechar que sí me gusta mucho, es más, invariablemente cuando “Mimí” se muere al final de “La Bohème”, yo lloro, y conste que antes de comprar el boleto yo ya sabía que se iba a morir y en qué momento sucedería. Señala el artista que igual le pasa, sin tanto melodrama, al final de la segunda sinfonía de Gustav Mahler, “La Resurrección”, cuando se oyen campanas, sonidos celestiales y coros, como si se estuviera rompiendo el cielo. De repente mira a su alrededor y se da cuenta que el director está llorando, los solistas, los músicos y los que están a su lado también lloran, entonces, afirma: “alguna magia debe tener aquello, porque es un Do, Re Mi, Fa, Sol, La, Si, Do manejado por verdaderos genios”.
LA PINTURA Mientras Nierman trataba de olvidarse de su carrera dentro de la música, caminaba por la calle San Juan de Letrán, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y se asomó en el aparador de una tienda que ofrecía materiales para pintura. Se acercó a la persona encargada del mostrador y le preguntó qué materiales necesitaba para pintar. De regreso a casa Nierman llevaba la materia prima que más tarde convertiría en arte. Describe que la primera vez que estuvo frente a un lienzo en blanco sintió una inmensa curiosidad, característica que siempre ha estado implícita en Leonardo Nierman. “Mas que el terror tradicional fue el deseo de entrar a una nueva aventura, saber si lo que había estudiado durante 20 años como músico, podía captarlo a través de los colores y despertar emociones, como lo hacía Giacomo Puccini con sus creaciones. Fue un experimento muy importante en mi vida, tratar de capturar esos sueños”, aseguró. Su estilo plástico básicamente lo creó sin la instrucción formal de las escuelas de arte. “Siempre todos esos conocimientos se pagan con un poquito de contaminación, de algún modo se heredan las desinformaciones del instructor”, comenta. En 1956, como estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, Leonardo Nierman tuvo la oportunidad de pintar un mural para la institución. “Fue como sacarse un tigre en una rifa”, manifestó. Entonces decidió buscar nada menos que al muralista David Alfaro Siqueiros, quien lo recibió amablemente en su casa y cuya influencia duró aproximadamente diez minutos, ya que al preguntarle: ¿cómo es que se pinta un mural?, éste le recomendó un libro donde se explicaba paso a paso la técnica. Después de escucharlo, Nierman se dio cuenta que el arte brota del alma. Encontrar un estilo, indicó, no fue una decisión intelectual. “El hombre contemporáneo ha caído en la monomanía de querer pasar todo lo que ocurre en el universo a través de su inteligencia, de la lógica, de la sensatez. Siento que el hombre como parte del reino animal debería imitar un poco a éstos que utilizan en gran medida el instinto para tomar sus decisiones, hasta las más importantes, mientras que el hombre, engolosinado con su tecnología, ha renunciado a los sentimientos prefiriendo el intelecto”. A causa de su temperamento, durante el proceso creativo, el maestro Nierman trata de pensar menos y sentir más, excepto en los momentos necesarios, como al cruzar una calle, donde nos es necesario calcular la velocidad de nuestras piernas y la de un Ferrari, un Maserati, un Lamborghini o el propio metrobús, todo es un juego, afirmó. Asegura que el arte a lo largo de la historia se ha tomado con demasiada solemnidad, empezando por el lenguaje. Como ejemplo citó la palabra bodegón que en español significa naturaleza muerta, mientras que en inglés se le denomina still life. Haciendo esta consideración se pregunta: ¿entonces qué es, una vida silenciosa o una naturaleza muerta? Nierman manifestó que otro elemento que marca la diferencia a la hora de crear es el carácter lúdico, mientras que en español decimos tocar el piano, en inglés se dice to play piano, es decir, el juego es lo que le da la calidez al producto artístico. “El arte no tiene que ser solemne, es el canto del alma por la alegría de la vida que debe acompañarnos hasta nuestro último instante”, refirió. La música clásica es para Nierman una obsesión, una religión, incluso le es difícil tener alguna pieza como favorita, porque para él todas tienen un momento en su vida. Como persona, Nierman se caracteriza por su sencillez, una enseñanza que le fue revelada con el tiempo. Hasta el 19 de septiembre de 1985 su estudio constaba de tres penthouses interconectados con sus respectivas terrazas, pero el sismo de aquel día se encargó de destruirlos por completo; el jardín de su casa entonces se convertiría en su estudio, más sencillo que el primero, pero más gratificante. En este lugar la luz del día le mostró que los colores adquieren una tonalidad más clara y en una mesa de ping pong ahora es donde pinta.
EL POLLOCK LATINO Respecto al sobrenombre con el que algunos críticos lo llaman, esto es, el Pollock latino, Nierman dijo de manera contundente: “yo pienso que es una tontería, respeto a Pollock, creo que es un hombre que encontró su propio lenguaje, lo que hace está muy bien, pero no tenemos puntos de referencia similares. Creo que él tiene su lugar en la historia, sobre todo ahora que una de sus obras se ha vendido como la más cara en la historia del hombre, alcanzando los 140 millones de dólares”. Enfatizó que a pesar del valor que se le ha dado, no lo considera el mejor pintor del siglo XX, ya que hay muchos otros artistas que le gustan más, aunque sus cuadros no se vendan en esas cantidades. Reconoció la trascendencia de la obra de Pablo Picasso, que el año pasado, uno de sus cuadros se vendió en 105 millones de dólares, pero con un legado importantísimo como artista, por la cantidad de libertades que les dio a los creadores para salirse de esa rigidez en la que vivieron durante siglos, anclados a la naturaleza y la representación de objetos claros. “Antes de Picasso pintar era un poco como hacer una fotografía a mano y esto es válido, porque gracias a eso tenemos una cantidad enorme de información de cómo era el mundo, la vida, los sentimientos, los héroes, las filosofías, las guerras y todo, no estoy tratando de minimizar la aportación de todos aquellos artistas, de ninguna manera, pero cuando llega Picasso, destruye muchísimas de estas obsesiones dando libertad para crear. Inventa el cubismo y comienza a hacer un arte inspirado en emociones primitivas fenomenales, cuadros que tienen que ver con el arte africano, griego, con la geometría, rompe completamente y al mismo tiempo libera el arte que prevaleció limitado por siglos, eso lo hace un hombre muy importante”, recalcó. Si existiera un cuadro que pudiera representar la vida de Nierman, veríamos un cielo con muchas estrellas, mariposas, flores, alegrías, amaneceres, atardeceres y relámpagos, un poco incongruente, pero esa sería como una especie de biografía del maestro Leonardo. El se describe como un hombre bestialmente agradecido por el hecho de haber nacido y poder experimentar todo ese espectro de alegrías y emociones, inclusive de carencias. Como base retoma aquella frase que dice: “el mejor ingrediente para cualquier platillo, es un poco de hambre…”. De esta forma, tener carencias le hizo apreciar aún más sus logros. Sus padres, originarios de Europa del este, jugaron un papel fundamental en el desarrollo artístico del músico, pintor y escultor mexicano. “No intervinieron, ni trataron de dirigir mi destino hacia su propia filosofía, respetaron mis locuras, mi padre nunca quiso que siguiera sus pasos como empresario, ni que fuera un gran cardiólogo o abogado”. Al respecto citó la frase de Confucio: “Escoge un trabajo que te guste y podrás ir por la vida sin trabajar un solo día”. Reconoció que el mejor regalo que ha recibido se lo dio su padre y éste es la vida, poder abrir los ojos para ver las estrellas, soñar, enamorarse, disfrutar el mundo de la música... El artista Leonardo Nierman no sólo es mexicano porque así lo avala su acta de nacimiento, sino por su profunda admiración hacia su cultura, pues adora la tierra que ha pisado desde niño y ha producido los alimentos que lo han nutrido. “Me gusta el mexicano, yo podría vivir en cualquier parte del mundo, no necesito arrastrar maquinarias, ni grandes fortunas, ni fábricas. Me gusta que el mexicano en términos generales se parece un poquito al andaluz, el andaluz que tiene coche, que tampoco es muy normal, es un hombre que en el auto en lugar de llanta de refacción procura traer una guitarra, yo admiro mucho eso y el mexicano es así, en relación a otros pueblos, es un hombre que disfruta el disfrutar la vida, que es mucho menos ambicioso, menos competitivo, para ser feliz no tiene que humillar al vecino, él vive su vida a su manera, a su estilo”, manifestó.
¡DIOS EXISTE! La perspectiva de Leonardo Nierman respecto a la relación Hombre-Dios, es muy clara: “Dios sí existe”. Recordó a la poetisa Katia Granov, una persona con prestigio en Francia, novia de Claude Monet, una mujer inmensamente rica, heredera del atelier del pintor francés. Indicó que ella tenía tres galerías, dos en París y una más en el sur de Francia. Platicó que lo invitó a exhibir sus obras y cuando le preguntó si le gustaría que algún crítico de arte diera unas palabras de introducción, recordó a Granov respondiéndole: “no, porque los únicos autorizados para escribir sobre la pintura son los poetas”. Entonces se le ocurrió invitar al poeta uruguayo Horacio Ferrer, libretista de la ópera “María de Buenos Aires” de Astor Piazzolla y algunas otras bellas canciones como “Balada para un loco”. Ferrer accedió a la invitación de inmediato e incluso fue a la Ciudad de México para platicar y conocerlo mejor. Recuerda que en una conversación el poeta le pidió que hablara de su proceso creativo. Nierman le explicó su forma de trabajar señalándole que hay un momento en que los colores amarillo y naranja con el fondo azul tienen un chispazo de magia y, en otro momento, se presentan como un relámpago inesperado, como un acto de magia que ilumina el universo. Ferrer lo interrumpió y le dijo: “vamos a hacer una pausa, mencionas varias veces la palabra magia, te voy a hacer yo a ti una pregunta: ¿tú crees en Dios?”, a lo que el pintor le respondió: desde luego que sí. Ferrer entonces le preguntó por qué, contestándole Nierman: “mira Horacio, es tal la cantidad de regalos y paquetes que me llegan, que alguien tiene que estármelos mandando, ¿no crees? No es posible cuestionar la existencia de Dios, expresó Nierman, sería como un acto de necedad, menos nos corresponde a personas cuya vida ha tenido tantos momentos luminosos. Sin embargo, aclaró, no dudo que haya gente cuyo destino ha sido muy doloroso y quizá tenga razón de cuestionarle en muchas cosas, pero en mi caso no podría hacerlo.
LO BLANCO Y LO NEGRO Leonardo Nierman reconoce que su camino por el arte ha sido pintado con días claros y oscuros, por lo que recomendó a los aventureros que pretenden vivir en el arte, con el arte o quizá del arte, no olvidarse que el mundo es redondo, da vueltas y las vueltas generan cambios, buenos y malos. Deben estar conscientes que durante su vida profesional se van a encontrar con descortesías, desencantos y demás, por lo que es importante que vislumbren el futuro como una fotografía en blanco y negro del día en el que viven. Recuerda que una ocasión acudió a la galería Hammer de Nueva York, donde se han exhibido las obras de los artistas más reconocidos del mundo, con la intención de que se le tomara en cuenta su trabajo. Sin embargo, fue sacado del lugar casi a empujones cuando intentó mostrarles sus fotos. Meses después, seis o siete, la misma galería a través de un anuncio en un periódico de México lo buscaba para invitarlo a exponer sus trabajos. “Lo único que no es admisible es el desaliento, porque el tiempo va cambiando las cosas, acomodando las piezas en el tablero, inclusive, las galerías que hoy los rechazan, quizá mañana sean las que lo vayan a buscar a su casa”. Para Nierman lo que el hombre debe buscar, sea o no artista, es desarrollarse en alguna actividad que le brinde satisfacción y alegría, de otra forma es un desperdicio imperdonable. “La vida es un regalo maravilloso, luminoso, no apreciarla es una gran descortesía con Dios. Qué gran regalo el haber nacido, poder ver las estrellas y sentir los mil y un manjares que tiene la vida; sentir el viento en la cara, la fragancia de las flores, enamorarse, andar por la playa, escuchar a Rachmaninov, caminar a orillas del Sena... de preferencia, con un ser amado”, aseguró.
clase_editor@horacero.com.mx Tels. 929.75.85 al 87. Ext. 106
|
|
|
|
|
|
Enviar esta nota, dando Clic aquí |
Comentarios de los Lectores
| |
ASPIRANTE A PINTOR |
Sergio Romero Abril 7/2010 8:50:49 PM |
|
Me alegra en mucho haberle encontrado en este universo, sus ideas que plasma en frases invitan a leerlas con sumo cuidado, y que conste, al momento no he visto ninguna de sus obras, pero me dejó impactado la sensibilidad de sus descripciones, las cuales, me invitan a conocer sus obras.
Transmite una gran filosofía, que suerte tener esta oportunidad de conocer a ser humano con tanta sensibilidad y además, mexicano.
Con todos mis rewspetos.
Sergio Romero Reportar Comentario
|
|
|
|
 |
| |
"MARAVILLOSO CONSEJO" |
Maria Elena Cordero Febrero 8/2010 1:36:17 AM |
|
Me encanta la obra del Maestro Leonardo Nierman , pero también me gusta mucho su filosofía de la vida,GRACIAS por este maravilloso artículo. Reportar Comentario
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
| | |